Concepto de Costo Enterrado o Hundido

La problemática de la evaluación económica de proyectos está orientada hacia la toma de decisiones. Es por ello que se tiene en cuenta solamente todos aquellos hechos que se producirán en el futuro, desentendiéndose de los que habiendo ya ocurrido, son inevitables.

Nos introducimos así al concepto de costo enterrado o hundido. Para aclarar que se entiende por este concepto, utilizaremos el ejemplo del agricultor que desea realizar obras de drenaje.

Para ello debe contratar los servicios especializados de un ingeniero hidráulico que diseñe las obras y realice una estimación del monto de la inversión. El agricultor paga por el estudio una suma determinada y comienza a analizar la conveniencia de llevar a cabo el proyecto.

A partir de este momento, el costo del estudio deja de ser relevante para la toma de decisiones, ya que es un elemento que no podrá ser modificado por la decisión de construir o no los drenajes. Lo correcto en este caso es NO incluirlo dentro de la estructura de costos a los efectos de decidir la realización de la obra. Este hecho confiere la segunda característica de todo flujo de beneficios y costos, que es la de ser un flujo futuro.

Otro típico caso de costo enterrado, que sirve también para distinguir los costos contables de los económicos, esta dado por el productor que se dispone a decidir si le conviene cosechar su producción.

Supongamos que todos los costos operativos anuales, que incluyen tareas culturales, gastos en energía eléctrica y combustible, sueldos y jornales, etc. ascienden a la suma de $ 2.000 y ya han sido desembolsados. En el momento de la cosecha, el productor conoce que el valor de venta de su producción es de $ 1.500 y los costos dé cosecha ascienden a $ 1.000.

¿Cómo se determina si conviene o no cosechar?

Para obtener la respuesta correcta, debe tenerse presente el concepto de costo enterrado. Si consideramos el total de costo (operativos más de cosecha) deberíamos comparar $ 1.500 de ingresos con $ 3.000 de costos y la conclusión seria que no conviene llevar a cabo la actividad pues se produce una pérdida de $ 1.500.

Esto sin duda es cierto si nos encontramos al inicio del periodo agrícola (cuando los costos no han sido incurridos) y estuviéramos por decidir si conviene producir o no. Pero si, como en nuestro ejemplo, estamos a pocos días de la cosecha, las erogaciones realizadas ya no son relevantes, constituyen costos enterrados.

Lo adecuado es comparar los costos todavía no enterrados. Es decir, $1.000 para la cosecha, con los ingresos generados por esta actividad que son de $ 1.500. La decisión racional desde el punto de vista económico consiste en cosechar. En efecto el proyecto cosechar tiene ganancia de $500, independientemente de que la actividad como un todo haya generado pérdida.

Nótese además que considerando los valores de la actividad completa, si no se cosecha la perdida es de $ 2.000 (cero pesos de ingreso y $ 2.000 de costos) mientras que cosechando las pérdidas disminuyen a $ 1.500 ($ 1.500 como ingreso y $ 3.000 como costo).

Solamente se tienen en cuenta los costos enterrados o hundidos, no en la inversión inicial, sino en los flujos de caja futuros, cuando estos costos se pueden imputar contablemente como un activo (tangible o intangible) que puede amortizarse en el futuro. En este caso la relevancia estará dada por el escudo impositivo (disminución del pago de los impuestos a las ganancias) en los flujos de caja futuros.

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