Las visiones de la globalización en el Desarrollo Sustentable

Desde sus inicios, el desarrollo del capitalismo, trajo consigo la expansión de los mercados. En el siglo XV, con el descubrimiento y conquista de América por occidente; los recursos naturales les fueron expoliados a los pueblos americanos, creándose una estrecha relación colonial de explotación y abismal desigualdad. Un gran contraste entre dos mundos; mientras uno proporciona recursos naturales y humanos, el otro acumula capital sobre esa base.

Mientras los europeos viven un acelerado desarrollo económico, los americanos se engloban a través del subdesarrollo, tomando siempre como referente a la civilización occidental.

En la historia contemporánea, la globalización ha vinculado a las naciones con el contexto internacional; las fronteras nacionales que antes delimitaban espacios soberanos han sido rebasadas por la globalización. Varios autores consideran la globalización como un proceso multidimensional que se caracteriza por el aumento de los flujos económicos y financieros a escala internacional, basado en las nuevas tecnologías de la comunicación e información. Asimismo, ha definido el cambio en las relaciones culturales, político-institucionales con grandes repercusiones en el medio ambiente.

Ante la aparente novedad de la globalización, es necesario remontarse a sus orígenes en la conformación del pensamiento científico moderno, en la forja de la razón económica y en el ascenso del capitalismo mercantil hacia su actual fase ecológica global.

En este sentido, la actual globalización económica se presenta como una etapa más desarrollada del proceso de acumulación e internacionalización del capital. (Leff, 2005, p. 2).

Este modelo tiene como soporte principal la teoría neoclásica, la cual se basa primordialmente en el crecimiento; no considera posible ni compatible un crecimiento menor con una mejor distribución de la riqueza, que además favorezca un entorno ecológico menos agresivo para el ser humano.

Es importante señalar las tres instituciones principales que gobiernan este proceso: al FMI, el Banco Mundial y la OMC, con el fin de conocer los elementos integradores de la globalización. La orientación keynesiana del FMI, que subrayaba los fallos del mercado y el papel del Estado en la creación de empleo, fue reemplazada por la sacralización del libre mercado en los ochenta, como parte del nuevo «Consenso de Washington»7 —entre el FMI, el BM y el Tesoro de EE UU sobre las políticas correctas para los países subdesarrollados— que marcó un enfoque completamente distinto del desarrollo económico y la estabilización. (Stiglitz, 2002).

Cabe destacar, que algunos autores han caracterizado el proceso de globalización en varios aspectos, en este caso, Ibañez (et al., 2009), opina lo siguiente:
1) Tecnológico, se caracteriza por la creación de un nuevo espacio virtual global como consecuencia de la informática, las telecomunicaciones, el desarrollo de nuevas tecnologías de transporte, control y gestión de procesos;
2) Económico, se corresponde con la internacionalización de los mercados de consumo, los procesos productivos y consecuentemente de las empresas, en la concentración del capital en una minoría de empresas multinacionales y con la creación de un sistema financiero transnacional;
3) Cultural, los elementos culturales se conectan de una nación a otra a través de los medios masivos de comunicación que permiten la difusión de la información simultáneamente, de tal forma que se exportan globalmente todos los elementos culturales que coexisten en el mundo;
4) Político-institucional, a través de una progresiva construcción de nuevas regulaciones multipolares de las relaciones políticas internacionales dentro de un espacio de jerarquías y hegemonías, sostenidas, en ciertas condiciones, y en algunos casos mediante el uso de la fuerza militar y,
5) Físico-ambiental establecida en la evaluación del impacto sobre el medio ambiente que implica la expansión global de un sistema productivo y su impacto sobre la naturaleza y los recursos naturales.
Por sus características, la globalización se conduce por una racionalidad tecnológica unidimensional y por la racionalidad económica orientada hacia la maximización del beneficio económico en el corto plazo; esto ha traído como consecuencia la contaminación del planeta y creado una economía insustentable. (Leff, 2000, p. 35)

En el mismo orden de ideas, Leff, caracteriza a la globalización como una “sobre-economización del mundo” –el dominio de la racionalidad económica en los demás procesos de la globalización- que ha llevado a la homogeneización de los patrones de producción y de consumo, contra una sustentabilidad planetaria fundada en la diversidad ecológica y cultural. La biodiversidad aparece como zonas de reservas de naturaleza –territorios y hábitat de esa diversidad biológica y cultural–, que hoy están siendo valorizados por su riqueza genética, sus recursos ecoturísticos, entre otros. (Leff, 2005, p. 2).

Consecuentemente, la biodiversidad se ha convertido en un enorme banco de recursos genéticos que son la materia prima de los grandes consorcios de las industrias farmacéuticas y de alimentos. Por su parte, para los países y los pueblos donde se encuentran localizadas las áreas de mayor biodiversidad, ésta representa, por una parte, el referente de significaciones y sentidos culturales que son perturbados cuando son transformados en valores económicos; por otra parte, la biodiversidad es la expresión del potencial productivo de un ecosistema, ante el cual se plantean las estrategias posibles de su manejo sustentable, así como las formas de apropiación cultural y económica de sus recursos. (Leff, 2005, p. 2).

Partiendo de las consideraciones anteriores, la globalización ha propiciado la formación de grandes monopolios con libre acceso a la explotación y mercantilización de los recursos naturales del planeta, ha reubicado el papel del mercado mundial; la concentración y centralización del poder tecnológico, financiero, político y militar en pocas manos y países, impulsando una globalización desde arriba.
Cabe destacar que, a nivel mundial existen aproximadamente unas 70 000 empresas multinacionales con más de 690 000 filiales en el extranjero. El Centro de Empresas Transnacionales de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), definió 25 empresas bajo el concepto de globales, según el criterio de: porcentaje de ventas en el extranjero sobre el total, activos en el extranjero sobre el total y empleado en el extranjero sobre el total. El origen de estas empresas son los países industrializados: Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Reino Unido, Países Bajos, Francia, Alemania, Suiza y Hong Kong; entre éstas destacan General Electric, Ford, General Motors, British Petroleum. (Ibañez, et al., 2009).
En este contexto, esta clase de empresas se extienden por el mundo en busca de recursos humanos, infraestructura y recursos naturales.

La globalización se ha difundido a escala planetaria a través de ajustes estructurales llevados a cabo en la década de los 80 afectando la carga fiscal, las tasas de interés en los créditos a pequeños propietarios, el costo de bienes y servicios en las zonas marginadas, y dieron pie a medidas legislativas que condujeron a la privatización de las selvas, tierras y aguas comunales que antes eran de los campesinos pobres, quienes se empobrecieron aún más. Y es en esta misma década que se da a conocer la contraparte en el Informe Bruntdland “el desarrollo que responde a necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras a responder las de ellas”.
No está demás agregar que el concepto sustentable surge en este contexto contemporáneo en que la naturaleza deja de ser un objeto del proceso de trabajo para ser codificada en términos del capital. La sustentabilidad se inscribe en las luchas sociales contra los efectos adversos de la globalización al ser humano y al planeta, en busca de un uso racional y benéfico a la vida, es decir por una racionalidad ambiental.

“El principio de sustentabilidad emerge en el contexto de la globalización como la marca de un límite y el signo que reorienta el proceso civilizatorio de la humanidad. La crisis ambiental vino a cuestionar la racionalidad y los paradigmas teóricos que han impulsado y legitimado el crecimiento económico, negando a la naturaleza”. (Leff, 2004, p. 17).

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